Soy una revolución, una nueva salida en el mundo de la perfumería, que de un golpe hizo que todas las fragancias de moda de la época parecieran viejas. A Gabrielle Chanel se le ocurrió un perfume como nadie jamás había imaginado.

Soy la vanguardia, emergiendo al mismo tiempo que el cubismo, el dadaísmo y el surrealismo. Soy su contraparte olfativa y, como ellos, rompo los códigos; como ellos, escribo un nuevo lenguaje e invento un collage de aromas. Soy el primer perfume abstracto.

Soy un manifiesto, el de la modernidad, un ramo deslumbrante. Mademoiselle aumentó el jazmín, el ylang-ylang y la rosa, pero no me queda ninguna nota identificable. Gracias a la alquimia mágica de los aldehídos, arrojo un aroma a la gente, sin evocar ninguna flor, para convertirme en “una fragancia de mujer con aroma de mujer”.

Soy un misterio, el más conocido y al mismo tiempo el más enigmático de los perfumes. Mi fórmula es el secreto mejor guardado de CHANEL y la fragancia de mayor éxito en la perfumería moderna. Este manto de misterio me ha impulsado de la celebridad a la posteridad.

Soy un número mágico, el 5, su número favorito que le había traído suerte desde pequeña. Se dice que Mademoiselle eligió el número 5 porque era el aroma de la quinta muestra, el que ella prefería.

Soy un emblema, una simple botella de laboratorio con ángulos agudos y transparencia cristalina, y una tapa tallada como un diamante que evoca la Place Vendôme. La última referencia universal en la historia de los frascos aromáticos. El imprimátur del triunfo de CHANEL.

Soy un símbolo, que los G.I. se llevaron a Estados Unidos al final de la Segunda Guerra Mundial como recuerdo de París y el sabor de la libertad, la insignia de la elegancia francesa y la esencia misma del estilo CHANEL.

Soy un mito moderno, fundado cuando Marilyn me eligió como camisón, confesando que solo usaba unas gotas del N°5 en la cama. Un encuentro de feminidad absoluta y perfume absoluto.

Soy un ícono del Siglo XX, el primer perfume en ingresar al MOMA cuando el rey del pop art, Andy Warhol, reprodujo mi frasco en una serigrafía.

Soy una leyenda, atemporal, reinventándome continuamente, como en el “Sueño Familiar” de Verlaine: no doy “ni del todo el mismo, ni del todo el otro”. De L’Extrait a L’Eau y de L’Eau a Parfum.

Soy una alegoría de la modernidad, la elegancia francesa y la eterna feminidad. Soy el perfume de los perfumes, encarnado por las más grandes celebridades.

Para mi aniversario, la actriz francesa más famosa del mundo, Marion Cotillard, me llevó a bailar en la luna y dejó mi huella allí.

Por siglos aún por venir …
N°5, un siglo de celebridad

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