Sin embargo, la década de los 40 es especialmente crítica porque es justo a partir de esta edad cuando el organismo empieza a cobrarse las facturas de los excesos cometidos durante la juventud. Los veranos en la playa sin protección solar, la falta de sueño, una dieta rica en alimentos procesados, azúcares y grasas saturadas, el consumo de alcohol y tabaco y una rutina de cuidados intermitente o insuficiente han ido, poco a poco y de manera casi imperceptible, dejando sus huellas en el rostro.

Por su composición y estructura, la piel del hombre envejece más tarde que la de la mujer, pero lo hace de golpe. Y es precisamente al cumplir los 45 cuando la renovación cutánea se ralentiza, las reservas naturales de ácido hialurónico, colágeno y elastina empiezan a vaciarse y la pigmentación se altera.

Esto se traduce en deshidratación, sequedad, arrugas marcadas, pérdida de elasticidad y firmeza, un tono opaco y poco uniforme y, muy probablemente, la aparición de las primeras manchas. Es decir, el cutis de un cuarentañero demanda un poco de todo. Por eso, es necesario hacer unos pequeños ajustes en la rutina diaria, añadiendo pasos y cosméticos nuevos.

La limpieza sigue siendo clave para eliminar la suciedad y el sebo que obstruyen los poros y que no dejan a la piel oxigenarse correctamente. Pero como el proceso de regeneración es más lento, las células muertas no se desprenden con la rapidez de antaño y tienden a acumularse en la superficie cutánea. Soluciona el problema utilizando una exfoliante facial dos veces a la semana, coincidiendo, si es posible, con el día de afeitado.

Con la piel limpia de polvo y paja y los poros bien abiertos, es el turno del sérum, que, si antes de cumplir los 45 era optativo, ahora es obligatorio. Estas fórmulas concentradas son auténticos cócteles de activos que potencian y maximizan los resultados del ritual de cuidados y son un paso irrenunciable para las pieles maduras.

Después, sustituye la crema hidratante habitual por un tratamiento antiedad de acción integral que, además de aportar la siempre necesaria hidratación, atenúe las arrugas y las manchas, proporcione firmeza y luminosidad y aumente la resistencia de la piel.

Pocos signos del paso del tiempo delatan tanto la edad como las bolsas, las ojeras y las patas de gallo. Da la sensación de que toda la fatiga, el cansancio, el estrés y las noches sin dormir de toda nuestra vida se amontonan en la zona alrededor de los ojos y nos echan una pila de años encima en cuestión de segundos. Evítalo con la aplicación de un contorno de ojos que suavice las arrugas, atenúe el tono oscuro de las ojeras y minimice el tamaño de las bolsas.

El último paso de la rutina definitiva para la piel madura exige un cambio de mentalidad. Si antes de cumplir los 45 la noche era exclusivamente sinónimo de ocio, ahora también lo es de cuidarse. Porque si quieres llegar al medio siglo en las mismas condiciones que Gerard Butler, Hugh Jackman o Brad Pitt, debes completar el ritual diario con un tratamiento nocturno. Y ahora que ya sabes lo que tienes que hacer, tú eliges: ¿cuarentón o cuarentañero?

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