El renacer del noble arte de la barbería está permitiendo rescatar del olvido todo un arsenal de herramientas tradicionales que, en las últimas décadas, habían sido sustituidas por alternativas más modernas. Así, el jabón de afeitado clásico, las brochas de pelo de tejón, las afiladísimas navajas de acero inoxidable o las toallas húmedas (calientes para preparar la piel antes y frías para calmarla y tonificarla después) están viviendo una segunda juventud y comparten protagonismo con afeitadoras eléctricas que incorporan inteligencia artificial o sensores láser de alta precisión. Puro steampunk.

Las nuevas generaciones digitales están recuperando el analógico ritual de afeitado de nuestros abuelos, sobre todo, por dos razones: el puntito nostálgico, que nos transporta a un pasado idealizado convertido en un refugio emocional donde todo parecía más orgánico, y la creciente conciencia medioambiental, que nos lleva a buscar opciones menos contaminantes y más respetuosas con la naturaleza. Y en este escenario que mezcla ecología con retrofuturismo, el jabón de afeitado de toda la vida cumple con creces ambos requisitos. Por un lado, la estética vintage, con sus cuencos de madera o acero inoxidable, y el muy reconocible aroma a barbería antigua. Por otro, el formato sólido, que minimiza el consumo de agua en su fabricación y no genera residuos plásticos. Además, la inmensa mayoría de estos productos está elaborada con ingredientes de origen 100% natural y no contiene sustancias tóxicas que pueden agredir la piel.

 

Cómo se utiliza el jabón de afeitado

Un buen jabón de afeitar tiene dos misiones fundamentales. La primera, lubricar y suavizar la superficie cutánea para facilitar el deslizamiento de la cuchilla y evitar así posibles cortes. La segunda, nutrir e hidratar la piel para reducir la irritación posterior.

Si nunca has probado un jabón de afeitado clásico, no te preocupes porque, aunque requiere un poquito más de trabajo y preparación que las cremas o los geles más modernos, su uso es la mar de sencillo. Para aplicarlo con brocha, moja ligeramente las puntas de las cerdas con agua tibia, que deben quedar húmedas, pero no empapadas. Si te pasas, sacude la brocha hasta eliminar el exceso de agua. De esta manera, conseguirás una espuma de textura densa y cremosa que se adhiere perfectamente al vello facial, en vez de una ligera y resbaladiza. Después, y con un movimiento circular, cepilla el jabón durante 20 o 30 segundos hasta crear la cantidad de espuma necesaria para el afeitado. Si no tienes brocha, humedece con agua tibia tanto la barba como la pastilla y frótala directamente sobre el vello facial hasta cubrirlo por completo. También, puedes trabajarla en las palmas de las manos hasta crear la espuma y luego aplicarla sobre el rostro. Como ves, es posible disfrutar de un perfecto rasurado old school sin que el planeta tenga que sufrir por ello.

 

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