Es la forma más eficaz de esta vitamina a nivel cosmético, aunque no la única. Nos encanta porque aporta luminosidad inmediata y es una gran defensa antioxidante frente a los radicales libres del sol, el tabaco, la polución, la luz azul de las pantallas o el estrés.

Alrededor de la vitamina C en su uso cosmético circulan muchos mitos, casi todos falsos. A continuación desmentimos los más recurrentes:

 

La vitamina C mancha

Es decir, provoca manchas. Absolutamente falso. No solo no mancha la piel sino que, de hecho, su acción es la contraria: despigmenta la piel. “Este mito puede venir de una cierta confusión porque lo que sí es cierto”, es “que hay que lavarse las manos después de extenderla ya que podría oxidarse y manchar las uñas de forma temporal”.

La vitamina C no se puede mezclar

Es decir, es incompatible con muchos ingredientes. No es cierto. La vitamina C es compatible casi con cualquier activo, incluidos la vitamina B3 y hasta con el retinol. En  ocasiones se han considerado incompatibles por culpa de unos estudios que se malinterpretaron.

La vitamina C es fotosensibilizante

Es decir, no puede usarse si después nos da el sol. Tampoco es verdad. Hay un rumor muy extendido que dice que no se puede utilizar vitamina C si vamos a estar un rato al sol, pero no hay ningún problema. Es más, siempre que se use protección solar a continuación, ayuda a prevenir el fotoenvejecimiento y refuerza la acción del protector.

 

 

La vitamina C no es para la piel sensible

Decir que  las pieles sensibles deben prescindir de la vitamina C es falso a medias. Siempre dependerá de la persona y del tipo de vitamina C. En su forma de ácido ascórbico sí puede resultar algo irritante en algunas pieles sensibles pero, en esos casos, se usa una forma estabilizada más suave.

La vitamina C se oxida

Es decir, es poco estable y la luz y el aire la degradan. Es cierto, pero dependerá de la estabilidad de la fórmula y el envase elegido. Siempre hay que evitar cosméticos con vitamina C o retinol que vengan en tarros tradicionales (los que permiten meter el dedo), en especial los de cristal translucido o transparente, pues se degradarán con facilidad por la acción de la luz o el calor y el aire. ¿Lo ideal? Envases airless opacos que permiten que los activos se mantengan frescos y estables por más tiempo.

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